Muchas son las vías que marcan el camino del discipulado. Pero el camino del adepto no ha de ser cualquier camino, exento de pruebas o libre de dificultades.

Tampoco es un camino de dolor, ni un camino para llevar al límite a los adeptos, aunque a menudo, aquello es lo que sucede.

Cuando el neófito toma la decisión de un cambio, se produce, inevitablemente, un proceso de autoreflexión en el que se toma conciencia de una realidad distinta a la que es. Una alternativa a los programas establecidos de pensamiento y obra. Estos cambios requieren una ruptura de los patrones aprendidos durante la larga etapa de generación del Ego. La caída, una a una, de todas las máscaras que nos hemos creado dando conciencia a nuestro personaje, para recuperar nuestro verdadero Ser. No es un camino fácil, para nada. Pero no implica que sea doloroso, aunque si lo creemos, realmente lo será. El dolor es una opción cuando no sabemos gestionar correctamente las emociones.

No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. San Lucas 6:37

Cualquier cambio, si es aceptado en cualquiera de las formas que venga, se abrazará como es, se aprenderá y reportará enormes beneficios en nuestro camino evolutivo. Así es como debe de ser, simple y sencillo. Un proceso natural de evolución: nacimiento, crecimiento, reproducción (física y/o consciencial), y separación final.
Por el contrario, un cambio no aceptado, o mal gestionado, es capaz de producir emociones encontradas, negaciones a la esencia del Ser, duelos hacia nosotros mismos y los reflejos de los espejos que la vida nos muestra, nuestra familia, nuestros amigos, nuestra pareja. Cuando tomamos consciencia de la naturaleza de nuestros actos a través de todos estos reflejos, se producen movimientos a nuestro alrededor. La familia deja de ser tan cercana, los amigos toman distancia, y las personas que elegimos para caminar a su lado, empiezan a mostrarnos las consecuencias de nuestros movimientos, de este cambio. Tomando en consideración el Reino animal, somos la única especie en la que los individuos nunca se emancipan del núcleo familiar. Nuestros caminos en la etapa adulta están supeditados al juicio y la crítica de quienes nos rodean. Y lo son porque no salimos del Salón de los Espejos. Es más cómodo quedarse en el centro de este salón, observando esas imágenes, prestando atención a los reflejos que vienen de fuera, desatendiendo aquella Luz que viene de nuestro interior.
En esta etapa es muy importante el silencio, no como la acción de no pronunciar sonidos, sino como lo que verdaderamente significa. Alejarse de todos aquellos ruidos e interferencias que hacen alejarnos de la Verdad, de nuestra verdad de ser, de nuestro propósito en la vida.
 
Silencio no es sólo acallar las voces que quieren expresar lo que dentro nos perturba. Silencio no es sólo alejarse de lo mundano para conectar con la naturaleza. Silencio no es tener la mente pendiente para dejar de hacer ruidos.
Silencio es hallar la paz interior.
 
Silencio es la oportunidad de encontrarse sin condicionamientos externos. Es aprender a escucharse, a sentirse, a amarse uno mismo. Es alejarse de lo conocido para encontrar todas las llaves que nos abrirán las nuevas puertas. El Silencio es soltar las cadenas que atan nuestro Ego a la Matrix para impedir que renazca el Ser que ocupó nuestro cuerpo al nacer, nuestro verdadero YO.
Silencio es la oportunidad de atender todo lo que obviamos de nosotros mismos. Tomar conciencia de nuestro cuerpo físico, nuestros dolores, nuestras tensiones. Pon atención a tus emociones, aprende a gestionarlas con toda la intención, germen, a menudo, de muchos de nuestros males. Sé consciente de cada uno de tus actos, aquél que creas más insignificante es el que necesita más atención. Desde la forma en la que despiertas cada mañana, te lavas la cara, o te vistes… el cómo bebes agua, o acompañado de qué pensamientos ingieres el alimento.
Invierte tu tiempo en escuchar los mensajes que tu subconsciente quiere mostrarte a través de los sueños. Dedícate el tiempo necesario que tu cuerpo aclama. Quita el control automático de tu vida.
En esto consiste el Silencio Iniciático. En darnos la oportunidad de escucharnos. De escuchar cada uno de los planos sobre los que se sustentan los elementos de los que estamos compuestos. Las esencias que suman para dar vida al Quinto Elemento, la Quintaesencia, el Ser Humano: Fuego, Aire, Agua y Tierra.
Desaprender para volver a aprender.

En este período que entramos, el solsticio de invierno, es un período idóneo para entrar en este proceso de instrospección, de autoconocmiento, de autoescucha, de armonización de nuestros cuerpos físico, emocional y mental.

Próximamente llevaré a cabo un Retiro de Silencio donde se trabajaremos de forma consciente los cuatro planos de constitución del Ser. Será en Sevilla, en un entorno mágico, lleno de paz y armonía.

Información sobre el Retiro de Silencio

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