El trabajo encomendado consistía en encontrar el árbol sagrado, el árbol de la sabiduría en el que crecían manzanas de oro que conferían la inmortalidad.

El inicio de este trabajo viene marcado porque Hércules, a diferencia del trabajo anterior, se encuentra ya presto a iniciarlo. Aunque de nuevo se muestra extremadamente impetuoso por lograr con éxito la tarea, la fuerza de su motivación es diferente de la mostrada en el primer trabajo en el signo de Aries. En aquella ocasión, su vehemencia provenía de la fuerza de su personalidad. Ahora en Géminis, una vez superada las pruebas del control mental en Aries y del control emocional en Tauro, su fuerza proviene de una marcada orientación hacia su Yo Superior.

Como veremos, esta ambición espiritual se volverá en su contra, porque el discípulo tan sólo puede hollar el camino con pasos de exquisita humildad, honestidad y voluntad de servicio.

Ante este desmedido entusiasmo, el Maestro le advierte que para alcanzar el árbol deberá superar cinco difíciles pruebas y que previsiblemente fracasará en superarlas adecuadamente. Se le indica que las manzanas de oro estaban custodiadas por tres doncellas y una serpiente o dragón de cien cabezas.

Como no le fue revelado el lugar donde se encontraba el árbol, de inmediato decide dirigirse al norte, como una alusión a la búsqueda de lo más elevado en su yo. Pero como por más que buscó no obtuvo más que desánimo, el Maestro decidió enviar al discípulo Nereo para ayudar en la búsqueda a Hércules.

Primera prueba: Nereo acude en la ayuda de Hércules

Nereo era conocido por su veracidad y virtud. Nereo representa a nuestro Yo Superior. Una de sus cualidades era que, a pesar de encarnar la verdad, nunca se mostraba tal cual era. Se mostraba de forma confusa y no directa. Hércules cautivo de su frenesí, no llega a reconocer a Nereo y por tanto la ayuda del Maestro es desatendida.

Cuántas veces en nuestras vidas hemos rechazado sin saberlo la ayuda que nos ha prestado un desconocido, un conflicto, una persona, una enfermedad, etc. y hemos seguido lamentándonos de nuestra dicha. La verdad se encuentra en cada una de las cosas que nos acontece, pero como no se ajustan a nuestras expectativas, las desatendemos y las ignoramos.

Imploramos ayuda pero la tenemos delante de nosotros.

Hércules fracasa en esta primera prueba

Segunda prueba: Lucha con Anteo la serpiente

Ante el fracaso en el norte, Hércules decide buscar el árbol en el sur. Podríamos considerar que el sur representa la personalidad. Allí es donde busca.

En el sur se encuentra con Anteo, la serpiente. Hércules cree que tras la serpiente debe de encontrarse el árbol, según las indicaciones recibidas del Maestro. Pero por más que lucha, Anteo le vence una y otra vez en todas las ocasiones. Anteo era hijo de Poseidón, dios de los mares y de Gea, diosa de la Tierra.

En una de las luchas, Hércules alza a Anteo en el aire y le vence.

En el trascurso de nuestras vidas nos dejamos atrapar por el fragor de los conflictos que se nos presentan: discusiones con familiares, compañeros de trabajo, amigos, etc. Conflictos que nos afectan y nos vencen día a día. Quién no se ha sentido triste, desolado o afectado por algún conflicto. Somos atrapados por la gravitación de la materia.

De la misma forma, también muchos de nosotros hemos comprobado que elevando estos conflictos, es decir, viéndolos desde una perspectiva diferente, más profunda, más desapegada, los vencemos y el malestar y la disputa se diluyen.

A pesar del fracaso inicial, Hércules logra vencer a Anteo

Tercera prueba: Vencer el engaño de Busiris

Después de su búqueda en el norte y en el sur, Hércules se dirige al oeste encontrándose a Busiris, hijo de las aguas, el gran engañador que como relata el mito, su trabajo era el de conducir a los hombres al error a través de palabras de aparente sabiduría. El afirma conocer la verdad y con rapidez ellos creen. Habla bellas palabras diciendo:

“Yo soy el maestro. A mí me ha sido dado el conocimiento de la verdad y debéis hacer sacrificio por mí. Acepten el camino de la vida a través mío. Yo sé pero nadie más. Mi verdad es justa. Cualquier otra razón es errada y falsa. Escuchen mis palabras; permanezcan conmigo y serán salvos”

Hércules, manteniendo todavía sus irreflexivos impulsos, cae fácilmente presa del engaño olvidando progresivamente el trabajo encomendado.

Es fácil reconocer que estas circunstancias poseen una rabiosa actualidad, más aún si cabe hoy en día con el auge de internet y las redes sociales. Por doquier aparecen numerosos adalides de la verdad y de la santidad.  No obstante, el quid de la cuestión no radica en la existencia de estas personalidades si no en nuestra capacidad de descubrirlas, comprenderlas y soslayarlas.

Se nos dice que Hércules anduvo más de un año preso de la ilusión de Busiris y que un día, intentándo liberarse de este yugo recordó algunas de las palabras de Nereo, al cual, como ya hemos dicho, había ignorado anteriormente:

«La verdad está en ti mismo. En ti hay un poder, una fuerza que yace allí, el poder que es la herencia de todos los hijos de los hombres que son los hijos de Dios».

Esta reorientación le permitió librarse de la ilusión y superar la tercera prueba.

Cuarta prueba: Liberar a Prometeo del sufrimiento

Después de la experiencia de Busiris, Hércules parece mostrar mayor sabiduría en su andadura. De hecho, cuando oye unos gritos desgarradores de sufrimiento, aunque duda en un primer momento, abandona su búsqueda para socorrerlo.

Así se encuentra con Prometeo, el cual, castigado por Zeus, estaba siendo devorado por buitres para matarlo poco a poco. La cruel pena consistía en morir cada día por el picoteo de los buitres en su hígado, renaciendo al día siguiente para volver a sufrir la misma desdicha de manera eterna.  De acuerdo con la mitología griega, Prometeo había sido condenado a morir de esta forma porque había entregado el fuego de los dioses (el fuego de la mente) a los hombres que les confirió su facultad mental y por ello, su individualidad.

Simbólicamente, Prometeo representa a nuestro Ángel Solar. El hígado nos refiere al plexo solar y a la gran mayoría de la humanidad que vive desde ese centro, anulando y mortificando de esta forma la tarea de los prometeos del fuego.

En este sentido, cuando Hércules libera a Prometeo, comprobamos que al fin su búsqueda deja de ser impulsiva, deja de guiarse por su plexo solar y pasa a gobernarse por su alma.

Quinta prueba: Soportar la carga de Atlas

Hércules prosigue la búsqueda en todas direcciones sin éxito. El mito nos relata que oyó el rumor de un peregrino que le indicó la ubicación del árbol.  Podría decirse que es la primera indicación que Hércules recibe, pero también podemos recordar aquella máxima que dice “Cuando el discípulo está preparado entonces aparece el maestro”

Gracias a la indicación del peregrino, que representa a su maestro interno, Hércules retoma el camino y rápidamente otea en la lejanía el árbol. Pero justo antes de alcanzarlo, en el camino se encuentra al titán Atlas sosteniendo la carga de los mundosa su espalda y con rostro pleno de sufrimiento. Aunque Atlas no imploraba ayuda, Hércules olvida la recompensa de su esfuerzo por el alcance inmediato del árbol y se presta a soportar la carga del titán. Al recibir la carga, ésta desapareció y Hércules se vió libre, encontrándose frente a Atlas procurándole ya las manzanas de oro. Las tres doncellas sostenían las manzanas para entregárselas personalmente Hércules. Realmente las tres doncellas eran las hijas de Atlas, llamadas las Hespérides.  Se omite el encuentro con el dragón o serpiente de cien cabezas porque éste reconocía a Atlas y le permitió acceder al árbol.

Las hespérides entregan una a una las manzanas a Hércules, acompañándola de una frase clave:

  • Eglé, que significaba brillo o esplendor, le dijo a Hércules al entregarle una manzana: «El Camino hacia nosotras está siempre marcado por el servicio. Actos de amor son hitos en el Camino»
  • Erytheia, le dio una manzana, y en su costado, con luz, estaba escrita la dorada palabra Servicio. «Recuerda esto», dijo, «no lo olvides”.
  • Y finalmente Hesperis, la maravilla de la estrella vespertina, le dijo con claridad y amor, «Sal y sirve, y anda por el camino de todos los servidores del mundo, de aquí en adelante y por siempre jamás».

Muchos hombres y mujeres se han preocupado por su campo de servicio, y como Hércules, se muestran impacientes y ansiosos por ello. Como Hércules, la impaciencia humana limita nuestro campo de acción y encubre nuestro campo de servicio.

El Maestro Tibetano dice: “Cuando estáis en meditación estáis realizando un acto de servicio, por cuanto vosotros estáis buscando vuestra línea de Rayo que es el que tiene que conduciros a descubrir de una manera correcta y sin intermitencias y sin equivocaciones el campo propio de servicio”.

Podemos entender “meditación” en su sentido más actual: de plena atención o serena expectación. Esto es así porque en ese estado conectamos con nuestra Alma o Yo Superior, la cual tiene como instinto natural el servicio.

La era de Piscis se caracterizó por una vida de sacrificio en pos de la propia realización. En la actual era de Acuario ya no hay que buscar la propia realización, sino el servicio.

En el campo de servicio adquiriremos la Paz, la verdadera meta de todo discípulo en esta nueva era, no la de la realización, no de la perfección ante el Maestro.

 


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