Esta leyenda sobre los Cuatro Elementos fue rescatada de los albores de Internet, hace algunos años, como un texto anónimo. Aún así, por la belleza de su contenido, he decidido compartirlo. Si alguien conoce a su autor, agradecería se comunique conmigo para poder reconocer su autoría.

Tengo que decir que he mantenido el texto original por su armonía y forma de relatarlo, aunque en mi forma pensamiento no concuerdo con la relación existente entre los puntos cardinales y los elementos. Pero me ha servido como punto de inflexión para hacer una profunda reflexión al respecto, ya que, a pesar de lo que creía conocer, tiene su sentido. Y al final, para conseguir alcanzar un conocimiento más amplio, a menudo es necesario desaprender y aceptar otras formas de pensamiento.

Aquí está la Leyenda de los Cuatro Elementos.


LOS CUATRO ELEMENTOS

Antes del principio, el Creador de todas las cosas, el Hacedor-Arquitecto, el Dios de la Vida, decidió expandirse más allá de sí mismo para hacerse más sabio y más bello; fue entonces cuando emprendió la tarea de crear todo lo conocido y todo lo que aún no conocemos.

Y así fue que estiró su mano hacia el Sur, que es la dirección que marca el crecimiento y la fructificación, y tomó Agua y dijo:

“este es el elemento del que surge la vida, que lava y refresca, que hace crecer y da vitalidad; es el elemento que contiene las formas bellas, la emociones y los sentimientos…”

Y asoció el Agua con lo femenino.

Luego estiró su mano hacia el Norte, dirección de la renovación, del conocimiento y la sabiduría, tomó Aire y dijo:

“este es el elemento del aliento, de la palabra y de la música, de la luz, el color y el perfume; es el elemento que contiene los pensamientos, las ideas y la creatividad; en él está la fuerza de la razón…”.

Y asoció el Aire con lo masculino.

Más tarde tendió su mano hacia el Este, dirección de lo nuevo, de los comienzos, del nacimiento, y de allí tomó Fuego y dijo:

“este es el elemento de la iluminación y el esclarecimiento, de la purificación y de la fuerza de la vida, de la salud; él es el que contiene el poder de la fuerza espiritual, es la energía, la pasión y la acción…”

Y vio que el Fuego también era masculino.

Por último, Dios llevó su mano hacia el Oeste, que es la dirección de la madurez, de la cosecha y de las recompensas, y de allí tomó Tierra y dijo:

“este es el elemento de lo interior, de lo misterioso y lo secreto, de lo que muere para nacer; en ella las formas se han hecho materia, y contiene en sí la belleza del cambio y de lo dinámico como parte de la vida…”

Y vio que el Oeste también era femenino.

El Gran Hacedor, con los cuatro elementos en las manos, comenzó a combinarlos creando así todo lo que existe y en orden de importancia, primero las formas más simples y creciendo así hacia lo más complejo. Y una vez concluida la creación, la puso en movimiento y comenzó a evolucionar, a crecer… Y cosas nuevas surgieron de la creación, porque ésta tenía vida. Y Dios fue feliz porque con cada movimiento nuevo de la creación Él mismo se renovaba, puesto que Él es la creación. Fue entonces que decidió hacer una especie con capacidad de ser consciente de sí misma y que pudiera colaborar en la Gran Obra del Universo. Se trataba del Ser Humano.

Así probó hacerlo con dos de los elementos: Tierra y Agua. Amasando el barro con el que les diera forma. Estos primeros seres eran torpes, sin vitalidad, inertes. Por ello es que decidió incorporar un tercer elemento que les diera el espíritu de la vida: el Fuego. Pero estos seres también estaban incompletos, no podían crecer ni reconocer en ellos al Creador, por lo que no comprendían para qué habían sido creados. Carecían de alma. Así es que incorporó un cuarto elemento a la creación: el Aire.

La creación más sentida hasta ese momento había sido el maíz, el alimento de los dioses. Y amó al ser humano como al maíz. El hombre fue como la carne del maíz. Y al soplar sobre él, el Ser Humano se esparció por la tierra, como granos de maíz volando al viento. Repartió sus semillas por las cuatro direcciones de la Tierra:

  • los granos blancos cayeron en las regiones frías del Norte dando lugar a los pueblos de piel blanca;
  • los granos de mazorca oscura volaron hacia el Sur haciendo brotar a los pueblos de piel negra;
  • los que volaron hacia el Sol naciente, hacia el Este, fueron los granos más soleados, los más amarillos. Nacieron entonces los pueblos orientales;
  • mientras que los maduros granos rojos fueron hacia el Oeste, hacia América, donde nacieron todas las Naciones Indígenas.

Dios habla en lo dinámico, en el cambio, así las cuatro grandes naciones-madre con sus modos diversos de relacionarse con la Tierra, cada cual con su propia cultura, comenzaron sobre la faz de la Tierra, a encontrarse, y a mezclarse, a crear nuevos colores con los que pintar el lienzo del Mundo.

LA LEYENDA DE LOS CUATRO ELEMENTOS - ESPÍRITUDe las cuatro direcciones de donde Dios extrajo los elementos primordiales, de los cuatro puntos cardinales, de esa unión, surgió la más sublime y hermosa de las combinaciones: el Espíritu Humano, la Quintaesencia. Pero los primeros hombres que poseyeron ese Espíritu Humano se creyeron superiores, creciendo dentro suyo un orgullo desmedido. Sintieron que podían dominar la tierra, no sólo vivir de ella. Sabiendo lo perfecto de la creación, olvidaron la humildad y el respeto con que hay que tratarla. Y entonces fueron egoístas y crueles, dando mal uso a los poderes de la Naturaleza y dejando de escuchar su voz, pues se sentían más importantes que ella. Y al instalarse en ciudades y dejar de buscar nuevos caminos, dejaron también de escuchar a Dios.

Entonces Dios vio que el ser humano aún no estaba preparado para tener un espíritu tan noble, pero como también lo amaba, puesto que era la parte más hermosa de toda la creación, estableció una dificultad para que sólo aquellos que la resolvieran tuvieran acceso al Espíritu y así pudiesen llegar hasta Él. El Creador introdujo su propia semilla dentro del Espíritu Humano y lo escondió en lo más profundo de cada Ser, de cada hombre y cada mujer. Pero cuando los seres humanos intentaban encontrar su Espíritu en lo interior, rezando o meditando, Dios mismo, desde el fondo, les susurraba sus propios errores, sus miedos y sus sombras para que pudieran reconocerlos y no volvieran a caer en ellos. Entonces los seres humanos sentían mucha vergüenza de sí mismos y nació su miedo hacia Dios. Por eso es que nos cuesta tanto la soledad y el silencio interior.

Fue así que Dios, que no quería que le tuvieran miedo sino que lo amaran porque él mismo los amaba, dio una pista para resolver la dificultad del Espíritu, y dijo:

Que cada ser humano busque dentro suyo los elementos con los que fue creado, que sepa qué tiene de agua, qué tiene de aire, qué de fuego y qué de tierra. Que distinga lo que hay de femenino y lo que hay de masculino en su propio ser. Si sigue con respeto los pasos de la creación, entonces encontrará su espíritu y así llegará hasta mí…”

Y dijo además:

Cuando todos los seres humanos encuentren dentro suyo los cuatro elementos primordiales, serán verdaderos guerreros, nobles y puros, y toda la creación estará en armonía, y ellos podrán colaborar con la creación en lugar de destruirla…”

LOS CUATRO ELEMENTOS - FUEGO

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