Ya ha llegado y ha pasado la primera luna llena tras el solsticio de primavera. Una de las lunas más importantes del calendario Lunar, y por extrapolación, del calendario solar.


Sí, en el título habla de la última Luna Llena de la primavera, y en el encabezado hablo de la primera y voy a tratar de explicar por qué hablo en estos términos.


Tenemos la creencia que las flores abren en la primavera, pero no es cierto, al menos en esta parte del planeta. Existe un periodo Intermedio comprendido entre los solsticios y equinoccios, teniendo así 8 fechas importantes en el calendario lunar, solsticios de verano e invierno, los equinoccios de primavera y otoño, que dividen los periodos inter solsticiales en dos, que forman las 4 fechas mayores. Los períodos intermedios entre solsticios y equinoccios añaden otras 4 fechas, llamadas menores, al calendario lunar.

En estas fechas menores se produce el desencadenamiento de la energía de la estación entrante, que convive con la estación saliente. Dicho de otro modo: los solsticios y equiniccionos marcan las estaciones bajo un calendario solar, mientras que estas fechas menores marcan las estaciones en el calendario Lunar.

Es muy fácil comprobar que los almendros, los ciruelos o el melocotonero nos regalan sus primeras flores entre el 15 de Enero y el 15 de Febrero. ¿Cómo es eso? Es la luna llena más cercana a ese período interestacional. Si observamos la naturaleza, y si hacemos uso de la lógica, el frió de invierno no comienza el día 21 de diciembre, ni las flores regresan a partir del 21 de marzo, ni el calor veraniego se inicia en San Juan.

Los equinoccios y solsticios no son más que los apogeos del recorrido de traslación de la Tierra alrededor del Sol, con lo que las estaciones comienzan antes de ese período y terminan antes del eje de período siguiente.

Como vemos en la imagen, es lógico entender que las estaciones no comienzan en los ejes marcados, sino que los ejes determinan en qué momento el sol se encuentra en los extremos más alejado o más cercano (solsticios), y en sus puntos intermedios entre ellos (equinoccios).

Durante la primera Luna Llena tras el equinoccio de primavera tiene lugar un enclave mágico en la naturaleza. Los primeros árboles en florecer ya están ofreciendo sus primeros frutos, pero es que de aquellas primeras flores se recolectaba antiguamente la primera miel de las abejas tras el invierno.

Según antiguas tradiciones, los ‘apicultores’ recolectaban la primera y mejor miel con el rocío de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera. Estos ‘apicultores’ antiguos sabían que la miel extraída de la primera floración recogían la energía mágica del renacer de la naturaleza, una explosión de energía vital por volver al ciclo de la vida.

Esta antigua tradición ha surcado por diversas civilizaciones hasta llegar a nosotros en forma de período pascual, ya que el martes santo viene marcado por el martes más cercano a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera. Hay quien dice que es el domingo santo, pero tan sólo hay que mirar el calendario solar de este año gregoriano 2020 para ver que si así fuera, el domingo santo habría sido el día 5 de abril y no el 12 como está marcado, ya que el 5 sería el domingo más cercano a la Luna Llena que fue, precisamente, el martes 7.

Esta Luna tiene especial importancia pues es la tercera luna tras el nuevo despertar de la Creación de Gaia, siendo el 3 el símbolo de la manifestación y, por tanto, la materialización se produce por sí misma, no hay vuelta atrás.

Todo lo que sucede en este período, al margen del resto de astros, viene para quedarse si encuentra su equilibrio o estabilización.

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