La palabra “fraternidad” viene del latín fraternitas y significa “cualidad propia de hermanos”. Sus componentes léxicos son: frater (hermano), -inus (sufijo que indica pertenencia), más el sufijo -dad (abstractos de cualidad).

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Qué decir de la Fraternidad que pueda salir de los cánones de una simple definición de diccionario. Desde el comienzo de los tiempos ha existido de manera inherente a nuestra propia naturaleza. Podría tratarse de uno de los instintos básicos que ha velado por nuestra supervivencia a lo largo de los siglos. Tribus y culturas completas han sobrevivido a la historia gracias a la protección que existía entre sus propios individuos, gracias a que unos velaban por los otros, y aquellos por los demás, gracias a que poseían esa cualidad propia de hermanos, como si de la misma sangre se tratasen. Y es que, en los clanes, en las tribus, en los círculos de amigos, somos nosotros los que elegimos de forma consciente nuestra pertenencia o no, los que decidimos recibir como hermanos a ciertas personas por su afinidad a nosotros más allá del linaje familiar, los que solicitamos ser reconocidos y tratados como hermanos. Los cazadores llevaban comida, los soldados cuidaban de los clanes en la guerra, los jefes protegían al pueblo, y los espíritus guardaban de la salud de todos a través de un guía (chamán, brujo, druida, sacerdote, guía espiritual en cualquier caso). Cada uno desarrollaba un oficio, confiando ciegamente en que los demás así cumplirían con el suyo. Cada cual era consciente y consecuente si no cumplía con aquello que le había sido encomendado. Y entre todos ellos, cada uno en sus grados y cualidades, se desarrollaba un vínculo no escrito, que provocaba la ayuda mutua, la protección, la comprensión, la tolerancia… pero ante todo, el honor de una palabra dada, de una recta moral.
Fraternidad
Y ese algo que antiguamente se llevaba más allá de la piel, grabado a fuego con la sangre de nuestra estirpe, hoy día se ve ultrajado porque un día fue proclamado dogma, sin dar opción a sentirlo desde la semilla de su propio origen, nuestro origen. Fraternidad, honor, son palabras que a menudo carecen de contenido cuando las oigo, pues no es algo que debiera jurarse si no corre por la sangre de nuestras venas. Reinos han caído por perjuro ante el honor de sus caballeros, por traiciones de juramentos sin valor, pero ante todo, por anteponer la lujuria, avaricia, la soberbia, consecuencias todas ellas de la envidia, a las necesidades de quienes más necesitaban una pequeña muestra de las virtudes de la humanidad. Por una falta absoluta de Fraternidad.
Todos estos actos que han inspirado la épica más ancestral, desde los mitos clásicos y leyendas, hasta la más básica de nuestras realidades, son los que han determinado el camino del hombre.
Con la Fraternidad se nace, exento de envidias (germen de todos los males), oculta de las vanidades y de soberbia, o se vive sin ella cuando afloran éstas últimas. La Fraternidad es el fruto del alma blanca que queda expuesta desde el día que nacemos a la suciedad de los vicios terrenales. La Fraternidad se vive, se respira, se siente, sin necesidad de juramentos escritos ni palabras que van al viento. La Fraternidad ha de ser una virtud que se trabaje día a día, sin olvidar jamás que no hay línea que separe la vertical de la horizontal, al contrario, ambas deben coexistir para llegar a formar la cuadratura que define nuestra Moral, los dos caminos plausibles: el horizontal, el mundo visible a nuestros sentidos, la Ley del Hombre; y el vertical, la elevación de nuestro espíritu, la Ley Divina.

? La Fraternidad se respira… cuando existe felicidad más allá de las penurias compartidas.
? La Fraternidad se ve… cuando el prójimo te regala una sonrisa.
? La Fraternidad se saborea… cada vez que comprobamos que nuestras herramientas no han sido usadas en vano.
? La Fraternidad se huele… en el aire que se respira bajo la bóveda celeste.
? La Fraternidad se siente… con cada abrazo eterno que llevamos en nuestros corazones.

La Fraternidad no es caridad. La Fraternidad es amor, comprensión, tolerancia, apoyo, auxilio; La Fraternidad no busca reciprocidad, o no sería más que una nueva máscara bajo la que se refugia el Ego quien la da.
La Fraternidad existe más allá de los cánones de la espiritualidad, de las religiones, de las familias… la Fraternidad ha existido siempre sin necesidad de estamentos que la dicten como sentencia. Y si no sentimos esa Fraternidad en lo más profundo de nuestro ser… perjuro será el veredicto de nuestro juicio final.
A estas alturas, sería necio creer que existen diferentes formas de Fraternidad, saldríamos del esquema de la unidad para entrar una una nueva división, cuyo único objetivo es separar al hombre del Hombre, de su hermano. Asimismo, sería una gran estupidez pensar que sólo existe un tipo de Fraternidad, que sólo es posible un esquema irracional sobre ella, pero, siendo como es irracional, no podemos creer que pueda existir un sólo grado de Fraternidad. También podría afirmar que la Fraternidad no existe, ya que sólo es una palabra o forma de pensamiento para definir algo que existe en algún rincón de la consciencia humana.
La Fraternidad es y existe por sí misma, sin más nombres ni necesidad de apellidos. La Fraternidad es Universal por sí misma en su propia esencia, ya que es uno de los muchos engranajes que mueve algo aún más grande: el Amor. Del Amor sabemos poco, y de todo lo que creemos saber sobre él, a menudo dudamos de su existencia. Hablamos del filio, del eros… del ágape… pero en todos ellos existe una forma material de intentar expresarlo… un abrazo, un gesto, una palabra, un beso, incluso el pan. Y existen tantos tipos de abrazos y besos como grados de Fraternidad.
ABRAZO

Extrapolemos el concepto inmaterial de Fraternidad al abrazo…

? Imaginad que al abrazar a un Hermano sentís frío… el tiempo y el espacio a vuestro alrededor es inerte aunque latente.
? Imaginad que sentís un vacío inesperado, un vértigo, una caída que sólo acaba cuando te separas y regresan los pies a la tierra, como abrazar a una montaña de harina: ésta se ve, sientes su calor, pero al apretar se desvanece.
? Imaginad un abrazo hueco, en el que el eco es lo único que surca el espacio.
? Imaginad un abrazo sonoro, risas, alegrías, y palmadas en la espalda.
? Imaginad un abrazo sincero, acompañando un silencio, y que tan sólo una mirada es capaz de desmontar su sobriedad.
? Imaginad un abrazo cálido, de esos que no gusta desprenderse…
? Imaginad un abrazo profundo, que permite escuchar cómo late el corazón de un Hermano, cómo siente al tenerte entre sus brazos…

Pero el abrazo que más temo, es el abrazo seco… ni frío ni cálido, ni tan siquiera con atisbos de humedad… donde la vida carece de expresión, y se marchita poco a poco.
La Fraternidad, una entidad con valor y peso propio, pero no por ello exento de otros valores arraigados en nuestra condición humana sin los cuales, carecería de toda existencia. Valores y virtudes que a menudo se juran guardar, olvidando algo que es vital para conferir el carácter de eternidad: ese Honor anteriormente comentado. ¿Qué sería de la Fraternidad sin el Honor hacia nuestro deber como seres humanos? ¿Qué sería de la Fraternidad sin la lealtad hacia nuestros Hermanos? ¿Qué sería de la Fraternidad sin una recta moral que nos guíe en las duras trabas que nos depara el camino? ¿Qué sería de nosotros si acumulamos herramientas sin conocer el uso que se debe dar a cada una de ellas? ¿Qué sería de nosotros, si aún discerniendo sobre estas herramientas, desencarnamos sin ni siquiera haberlas usado?

En definitiva, ¿qué sería de la Humanidad si no existiese atisbos de Fraternidad?

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