Popular símbolo de orden, diligencia, inmortalidad y colaboración, sus cualidades contribuyeron a su prolífico uso en el simbolismo cristiano; asimismo la miel, que representa dulzura, y la cera, usada para hacer velas, que se asocia a la luz.  Es también el símbolo del sol y de todas sus energías. También se vincula a la realeza y a la divinidad.


Símbolo de la Gran Madre

La abeja reina a la que todos los demás le servían, fue vista en el Neolítico como una epifanía de la Diosa misma

Una colonia de abejas contiene una sola reina, de 500 a 1000 zánganos y alrededor de 30.000 a 60.000 abejas obreras. Pero, más allá de producir miel las abejas juegan un papel fundamental en la naturaleza y en el ciclo de la vida, son vectores bióticos, como insectos y animales, cumplen una función vital en la «polinización» de los granos de la agricultura, en huertos y hábitat silvestre, llevando el polen desde los estambres hasta el estigma (u otro receptor) de las flores para que germinen sus óvulos, semillas y frutos.

Entre el 15 de octubre y el 15 de abril las temperaturas descienden entre 10° y – 12°, durante este tiempo, las abejas invernan, su metabolismo disminuye para poder aguantar 6 meses. En verano una abeja suele vivir entre 45 y 60 días, en invierno vivirá entre 150 y 200 días, la Reina vive entre 4 y 5 años.

La reina de una colmena es elegida entre las larvas de abejas recién nacidas cuando la colmena requiere una nueva reina. En verano, las abejas pululan en busca de una nueva colmena. La reina elegida será alimentada con jalea real que le permitirá convertirse en el único reproductor en la colmena. Ella será atendida por drones o zánganos que dan la vida por aparearse con ella.

La Reina es la encargada de poner huevos y mantener unida la colonia, gracias a la liberación de feromonas. Si muere, las obreras «ascenderán» a una de las suyas trasnformándola en reina al alimentarla de jalea real. La reina puede llegar a vivir entre 4-5 años. Así pues, la vida de la colmena gira en torno a la abeja reina, emblema de soberanía.

Cuando se forma un nuevo aquelarre de brujas a partir de miembros de un grupo más antiguo, se dice que el nuevo aquelarre se ha «separado», del mismo modo que las abejas enjambre se congregarían bajo una nueva reina.

Los druidas pensaban que la abeja provenía del mundo del sol y el espíritu. Bebieron aguamiel, una bebida hecha de miel fermentada, para celebrar esta conexión.

Parece que este culto a la abeja se extendió de Creta a las islas del Egeo y a la Grecia continental. La mitología da cuenta que Júpiter en su infancia fue alimentado con miel que llevaba Melisa, hija de un rey cretense, a una gruta donde habían ocultado al niño.

Animal solar y femenino, símbolo de la resurrección y del alma, las abejas siempre han acompañado los sueños de trascendencia de los seres humanos. Y es justo ahora que la sociedad por fin reconoce que la balanza ha estado demasiado decantada hacia lo patriarcal cuando uno de los símbolos de la Gran Madre esta a punto de desaparecer… igual que la prosperidad humana.

Conocidos como los “pájaros de las Musas,” la abeja ha sido considerada sagrada para la diosa desde tiempos inmemoriales. El término Melissa en griego se refirió a la diosa como la abeja reina.

“En el himno homérico a Hermes, el Melissai alimentan de miel y se inspiran”. Estas tradiciones hicieron del omphalos [un montículo con forma de colmena que se cree el ombligo del mundo] el lugar de enunciación sagrada. El poder oracular asociado con el zumbido de las abejas y la vibración zumbido de la vida “(Redmond 114)

Son el emblema de la resurrección, de inmortalidad, y un símbolo solar.

Muchas culturas han dotado a las abejas de una simbologia: Se han asociado con dioses, con espíritus y con el inframundo.

En el antiguo Egipto la abeja significaba la realeza. Los egipcios creian que las abejas nacieron de las làgrimas de «Ra» Dios del Sol, al caer al suelo se transformaron en abejas. Debemos remontarnos a los simbolistas de Egipto quienes comienzan a representarla como símbolo del alma de los hombres, es plasmada en las tumbas como imagen de supervivencia del alma después de la muerte. Pero al mismo tiempo sirven como emblemática de las dinastías faraónicas del Alto y el Bajo Egipto, representadas por una abeja y una brizna de junco. Uno de los himnos funerarios dirigido al faraón Usertosen II dice así: «Casó al junco con la abeja», afirmación que se interpreta como que reinó en los dos Egiptos. También se han hallado abejas funerarias en la tumba de la faraona de Egipto, AhotpuI.

Tu amor se marchó y atravesó mi cuerpo
Como miel en el agua
Como una droga en especias mezclada.
Como el vino diluido en el agua

(Canciones de amor del antiguo Egipto, escrita hace más de 3.000 años)

El culto a la abeja se extendió desde Egipto a Creta, Grecia y a las islas del mar Egeo.

Para los Griegos las abejas tenian un origen divino. Segùn la leyenda de Aristeo (contada por Ovidio en las «Georgias»): Aristeo, era hijo del dios Apolo, tenia unas colmenas, pero quiso seducir a Euridice, casada con Orfeo, esta no aceptó sus proposiciones, cuando intento huir de él una serpiente la picó y murió. Orfeo para vengarse destruyó las colmenas de Aristeo. Para calmar la ira de los dioses que estaban enojados por su falta, Aristeo sacrificó cuatro novillos, de sus entrañas salieron nuevos enjambres agracias a ellos, pudo reconstruir sus colmenas y enseñar la apicultura a los hombres.

Para el pueblo griego era el símbolo de la obediencia y de la laboriosidad.

artemisa-diosa-madreEn la mitología  Griega, la diosa Rea escondió a su hijo Zeus en el monte Ida, en la isla de Creta, para salvarlo de su marido Cronos este devoraba a sus hijos conforme nacían, Zeus fue alimentado en una gruta por una princesa cretense con la leche de la cabra Amaltea y la miel de la reina abeja Melisa.

Artemisa de Éfeso

Uno de los atributos de la Diosa Artemisa es la abeja, sus sacerdotisas virgenes son llamaban «Melisai» (abeja). Parece que este culto a la abeja se extendió de Creta a las islas del Egeo y a la Grecia continental. En la mitología de Creta, el dios supremo nacido de la Tierra Madre (Deméter Ceres) fue alimentado en una gruta por una princesa cretense con la leche de Amaltea y la miel de la reina abeja Melisa. Según cuenta Estrabón, en Eleusis y en Éfeso las sacerdotisas que celebraban antaño los antiguos misterios se llamaban Melissai, «las Abejas», y algunos iniciados que habían alcanzado un grado de pureza indiscutible recibían también este nombre. Se atribuían a la abeja dones divinos, y misteriosos; en los cenáculos de Samotracia, los mister también veneraban a la abeja

Para los Celtas la abeja era la representación de la diosa Madre «Henwen» de ella nació un grano de trigo y una abeja. Más recientemente, ha venido a representar a la mujer con mando. También simboliza a la Virgen María, a la madre suprema.

lluna-abella

Simbología cristiana  y de la realeza

Las abejas, la miel, la cera, el panal y todo lo que tuviera que ver con ellas era relacionado  con la pureza. Del mismo modo, las abejas también fueron vinculadas con la idea cristiana de sacrificio personal y con la verdad.

La reproducción asexual de las abejas, por partenogénesis (reproducción sin necesidad de fecundación), también dio mucho que hablar e hizo fácil su asociación con el culto mariano, siendo muchas las representaciones en las que las hayamos al lado de la Virgen María, como símbolo de pureza y, ni que decir tiene, como símbolo de la «excepcional» concepción de Jesús, el Hijo de Dios.

Se ha llegado a relacionar, incluso, la supuesta virginidad de las abejas como un emblema de la condición de las monjas de clausura y el vuelo de las mismas era un símbolo del alma elevándose hacia el cielo.

Tanto la Iglesia como algunas monarquías han tomado como emblema la colmena y la abeja, todo gira en torno a la reina, que gobierna y lo anima todo. En la iglesia el Papa cumple la misma función, al igual que la del Emperador o el Rey. La colmena era el modelo de la monarquía absoluta.

En la Edad Media, para los autores cristianos las abejas eran símbolo de santidad e inocencia. La abeja era sierva de Dios y la única criatura que logró huir del Paraíso antes de que Adán mordiese la manzana ofrecida por Eva, con todo lo que ello supuso para la humanidad. Es más, para los galeses, por ejemplo, estas sufrieron dicha expulsión del Paraíso por culpa del hombre, y razón no les falta.

Para los húngaros, por otro lado, las abejas, blancas originariamente, se tornaron oscuras tras luchar con Satanás. Pero la cosa no queda ahí, porque la estrecha cintura que las caracteriza, también fue fruto de esa, imagino que tremenda batalla. Según la leyenda, Satán, al verlas haciendo recados a escondidas, para Dios, las ató con su látigo, creando así ese estrechamiento tan marcado entre el tórax y el abdomen. Siguiendo con el tema, también se dice que las llamas de ese látigo provocaron cicatrices en las mismas, cicatrices que hoy vemos como rayas que reconocemos en el abdomen de las abejas.

En algunos mitos bretones llegan más allá y sostienen que las abejas nacieron, directamente, de las lágrimas derramadas por Cristo en la Cruz, creencia que se manifestó también en los egipcios antiguos, pero con el dios Rá como protagonista, y sin cruz de por medio, claro está.

escudo-papa-urbano

El escudo del papa Urbano VIII muestra tres abejas de oro, elegidas por su asociación con la lealtad y la diligencia.

La abeja es un símbolo muy común en el cristianismo y representa, entre otras cosas, al siervo de Dios. En el cristianismo representa a la Iglesia, y en Grecia, donde las colmenas tradicionales tenían forma de tumba, puede significar inmortalidad. También se han identificado con una comunidad bien organizada.

Pero el símbolo de este himenóptero también tiene un mensaje mucho más profundo y filosófico. Así como la abeja recorre los campos libando el néctar de las flores para después llevarlo a la colmena, el alma de cada ser humano debe extraer el néctar de la sabiduría de las distintas experiencias de su recorrido por la vida y llevarlo a la gran colmena de la experiencia, el cuerpo. En la misma forma, se dice que las energías espirituales en el hombre toman, eternamente, las fuerzas vitales que él está trasmutando y las lleva a la colmena del cerebro, donde es almacenada la miel o el combustible necesario para el mantenimiento de la vida.

San Ambrosio de Milán (340-397) y San Bernardo de Claraval (1090-1153) recibieron el título de doctor mellifluus (doctor del que mana la miel) debido a su dulce retórica. A ambos se les suele representar con una colmena y con un enjambre de abejas, respectivamente, siendo además los patrones de los apicultores y cereros. Otros santos como San Valentín, o Santa Rita de Casia también son asociados a las abejas.

En la Edad Media, algunos grandes monasterios franceses tomaron nombres derivados de las abejas, como la abadía cisterciense de Melleray, diócesis de Nantes, cuyo escudo de armas reza: de azur con colmena de plata, acompañada de tres abejas de los mismos. Las abejas, aparte de la Iglesia, han sido el emblema de otros grandes personajes de la historia, especialmente en Francia. Uno de los personajes franceses más famosos, Napoleon Bonaparte, adoptó la imagen de este insecto como símbolo personal, en consonancia con el emblema de la República Francesa, la colmena. Y sin abandonar Francia, ni la colmena, diré que también Juana de Arco fue representada con una colmena.

Publicado originalmente en mayo 5, 2021 @ 8:00 am

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