Desde los tiempos más remotos, los sueños han sido considerados como una puerta de entrada al conocimiento místico, un camino de autoconocimiento a través del cual se sanaban los diferentes aspectos del Ser.

Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa: adivínala.
Tras el vivir y el soñar está lo que más importa: despertar.

Antonio Machado

Desde épocas remotas, la humanidad ha sentido curiosidad y ha mostrado interés y fascinación por los fenómenos relacionados con el dormir y los sueños.  

Los diversos vestigios que han sido restaurados afirman entender sobre tales temas. Demostrando que su desarrollo en las diferentes ramas de la ciencia (incluyendo a la metafísica) se encontraba un paso adelante de nosotros.

Recordemos que sus cálculos matemáticos, ingenieros y astronómicos aún presentan una increíble exactitud en comparación a los nuestros.

Cabe mencionar que la importancia del estudio de diversas ciencias en su mayoría estaban influenciadas por otro aspecto de gran trascendencia de estas culturas: la religión; causante de bastos acontecimientos y conflictos en la historia de la humanidad, así como también ser elemento de progreso y retroceso tanto científico como espiritual.

El significado y la explicación de los sueños no siempre coinciden con otros. Ya que esto ha dependido de los aspectos culturales, científicos, religiosos y espirituales, que nos marcan la diferencia del entendimiento de estos. Por lo que es necesario indagar por separado y detalladamente, para poder encontrar una conclusión fiable que nos responda a la pregunta: ¿Qué se pensaba en la antigüedad de los sueños?


Este interés que en la antigüedad suscitó los sueños es fácilmente comprensible si consideramos que pasamos alrededor de una tercera parte de nuestra vida durmiendo. Si recordamos cuando éramos pequeños, u observamos a nuestros hijos en su despertar cuando están comenzando a ser conscientes del mundo visible, veremos en su rostro una sensación de desorientación, de no saber dónde están. Y es que para ellos, para nosotros mismos cuando fuimos bebés, no hay diferencia entre el mundo de los sueños y la vigilia. Con el tiempo desarrollamos el interruptor que nos desconecta del mundo onírico, creyendo que la única realidad plausible es la realidad sensible.


Los antiguos sumerios, egipcios, hebreos, asirios, babilonios, griegos, romanos, al igual que otros pueblos de la antigüedad, en oriente y occidente, estaban convencidos de que los sueños tenían un significado profundo e importante, además de ser una puerta a través de la cual podemos tomar conciencia de otras realidades. Dicho de otro modo, se pensaba que a través de los sueños podemos tomar conciencia de la Verdad, ponernos de observador de la matrix y tomar consciencia de los mundos internos y externos. A través de los sueños se entra en contacto con otro mundo desde el cual se reciben mensajes enviados por la divinidad, que tenían que ver más con el devenir de un futuro próximo o lejano, como bien relatan las profecías de diferentes culturas.

Pero los sueños tenían otras formas de trabajo. Se pensaba que las acciones llevadas a cabo en los sueños eran equivalentes con las que se llevaban a cabo en la vigilia, es decir, mientras se estaba despierto(a).  Esto muchas veces quería decir que una persona que cometía un crimen durante el sueño estaba sujeta a sufrir el mismo castigo que hubiese recibido de haber cometido dicho crimen en esta realidad.  Del mismo modo, las buenas acciones llevadas a cabo en los sueños estaban sujetas a ser premiadas. Esto responde a la ley de causa y efecto.

Existen papiros egipcios sumamente antiguos que discuten los sueños y su interpretación.  Entre estos figura el papiro Chester Beatty, el primer libro sobre interpretación de sueños del cual tenemos conocimiento.  Esta obra, que se estima contiene materiales que datan de hace unos 4,000 años, fue recopilada por los sacerdotes del dios Horus.  Su sección principal consiste de un listado de 143 sueños catalogados como buenos y 91 como malos, conjuntamente con la interpretación de cada uno.

Además de los sacerdotes, muchos filósofos de la antigüedad también se interesaron en los fenómenos del sueño.  En el quinto siglo antes de nuestra era el gran filósofo griego Platón postuló que el sueño era causado por vapores que subían desde el estómago y tapaban los poros del cerebro, idea que hoy nos puede parecer un tanto curiosa.  

Por otra parte, Aristóteles, quien fuera discípulo de Platón, formuló en el cuarto siglo antes de nuestra era una serie de  ideas sobre el sueño, muchas de las cuales son válidas aún en nuestros días.  En contra de la creencia común en su época, Aristóteles argumentó que los sueños no son de origen divino.  La evidencia de esto consiste en que los animales también sueñan y los dioses, según Aristóteles, jamás enviarían sueños a criaturas de un nivel tan inferior a la humanidad.  Por otra parte, Aristóteles también sabía que mientras dormimos nuestra percepción de los estímulos provenientes de fuera de nuestro cuerpo disminuye grandemente o está ausente.  Esta falta de percepción externa hace que se incremente la percepción de los estímulos internos, es decir aquellos que surgen de nuestro propio cuerpo. Por esta razón, según Aristóteles, las imágenes de los sueños pueden representar diversos tipos de enfermedades y disturbios corporales. Aristóteles también creía que las imágenes de los sueños pueden proveernos un comienzo o estímulo para los pensamientos que tenemos cuando estamos despiertos(as) e incitarnos a llevar a cabo acciones similares a las del sueño.  Cuando esto sucede podemos equivocarnos interpretando dichos sueños como proféticos.  Sin embargo, lo cierto es que los sueños lo que hicieron no fue prever acontecimientos futuros sino que más bien fueron el estímulo o la causa de dichos acontecimientos.


Fuentes:

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