Nos encontramos a las puertas de un nuevo año, y con ello, tradicionalmente lo celebramos en su vigília, rodeados de familia y/o amigos con sofisticadas cenas, abundante bebida, uvas, música, alegría (y a veces desenfreno). Todo para despedir el año que se acaba y sobretodo para dar la bienvenida al año que se inicia, a menudo con muchos, buenos y habituales propósitos.

Segunda entrega sobre el Simbolismo de la Navidad

Aprovechando estas fechas señaladas, y siguiendo la serie sobre el simbolismo de la Navidad, he considerado oportuno revisar cómo celebraban el nuevo año en nuestras culturas de cuna, desde el antiguo Egipto, los Celtas, los Griegos, el Imperio Romano, así como las distintas culturas y religiones del mundo.


Todos conocemos nuestra tradición de Fin de Año, y la celebramos y la disfrutamos por todo lo alto, con amigos, familia… a veces en exceso, a veces en defecto, casi nunca en su justa medida. ¿Su significado? Perdido en los albores de la humanidad, tristemente perjudicado en el calendario Gregoriano que seguimos en la actualidad. Y es que éste desfavoreció a la humanidad empujándola a desconectar con su esencia espiritual, sacarnos de nuestra conexión con la naturaleza y dejar de seguir los ciclos lunares por completo. Os propongo un breve viaje por el tiempo, donde explicaremos un poco el por qué las distintas culturas elegían un día en concreto para comenzar el ciclo de las estaciones anuales.

El Año Nuevo comenzó a festejarse el 1 de enero hace relativamente poco tiempo; fue el papa Gregorio XIII quien lo dispuso en 1582 para todos los países católicos, al inaugurar el calendario en vigencia, que sustituyó al juliano.

Luego, poco a poco, las restantes naciones lo incorporaron -los rusos fueron los últimos, en 1917- y así también se aceptó en todo el mundo, que el año comenzara el 1 de enero y no el 21 de marzo o el 1 de abril, como solía serlo en los viejos tiempos.

 

AÑO NUEVO CELTA - SAMAHIN

Comenzaré por el año nuevo celta ya que, a pesar de lo que la historia indica, los primeros celtas cuyo centro se halla en Hallstatt, en el centro de Austria, coincide con edad de Bronce y la primera edad de hierro. Aunque la Edad de Bronce comprende desde el IV milenio a.C hasta más o menos el 750 a.C. que ya se consolida la I Edad de Hierro, los historiadores consideran que la cultura celta en Europa entra a partir del año 1200 aC, en la Edad de Bronce Final, o reciente tardío, que es más o menos las fechas en las que se han datado los restos de cerámica de estos pueblos. 

Pero volviendo al tema que me ocupa, la tradición celta conservó (y conserva hoy día a través de las Naciones Celtas) un calendario Lunar. Para los Celtas de la antigüedad, a pesar de que el Sol rige los días, el mundo visible y tangible, ellos sabían que la Luna rige la noche y el mundo invisible, los elementales, el inconsciente del Ser Humano. Así, los meses duraban lo que la luna en realizar un ciclo completo, 28 días. Los años lunares comprendían 13 ciclos, o 13 lunas. Y aunque celebraban los solsticios y equinoccios, pues sabían que éstos marcaban un hito importante para la vida, la naturaleza, tanto las lluvias, como las cosechas o la siembra, era determinado por la Luna. Lo veremos más adelante, en otro artículo.

Creían en la reencarnación, al igual que el resto de sus vecinos de la antigüedad, así que se consideraba la muerte como el comienzo de una nueva vida, en este mundo o en otro. Era el abandono del cuerpo físico por parte del alma inmortal, o espíritu, en un viaje en el que se debe atravesar diversos mundos de naturaleza cada vez más sutil. Así, cuando un ser moría, se celebraba por todo lo alto el retorno de ese alma a su origen, a su hogar, para regresar con la sabiduría adquirida en una nueva encarnación. No existía el duelo por el vehículo físico como existe hoy en día. Sino un desapego al cuerpo, y una celebración por el Alma. Hoy día esta tradición continúa en la mayor parte de las tribus sin civilizar que existen en África, Oceanía, Asia y América, una sabiduría ancestral que trata de mantenerse inalterable, excepto en donde se instauró la civilización, el progreso de lo material, las ciudades y la industria, en detrimento del progreso del alma, la deshumanización de nuestra especie.

Al igual que la Vida continúa tras la muerte, así ellos consideraban que los ciclos de la naturaleza continuaban tras una muerte simbólica. Los días comenzaban tras la muerte del Sol, esto es, cuando el Sol ya se había puesto en el horizonte, momento en que ellos debían acompañarlo en su viaje por el mundo de las sombras para despertar en un nuevo día, una nueva oportunidad de vivir en libertad. Así, en la fecha conocida como Shamain, una fecha lunar (aunque ahora en muchos lugares se hace coincidir con nuestra festividad solar de la noche de difuntos), que supone el fin de las cosechas.

La naturaleza muere, pierde su vitalidad y se dispone a vivir su Gran Noche, que no es más que lo que conocemos como Invierno. La naturaleza cósmica, así como la microcósmica, merece un descanso para regenerar su vitalidad y regresar dispuesto a continuar con su experiencia. Esta fiesta tenía lugar en la Luna Nueva que separaba el Equinoccio de Otoño con el Solsticio de Invierno en, más o menos, la mitad.

Esta festividad, como otras, duraba alrededor de 7 días, y se celebraba varias cosas. En primer lugar el fin de las cosechas, pero existía otro motivo. En esta luna ocurría un suceso visible sólo para los médiums: El mundo de los vivos y el mundo de los muertos se solapaba, de forma que durante un tiempo, los vivos podían ajustar cuentas pendientes con aquellos que perdieron. Esta “fiesta de los espíritus” era una de sus fiestas principales, celebraban lo que para los cristianos sería el «cielo y la tierra» (conceptos que llegaron solo con el cristianismo). Para ellos, el lugar de los espíritus era un lugar de felicidad perfecta en la que no había hambre ni dolor. Los celtas celebraban esta fiesta con ritos en los cuales los sacerdotes druidas, sirviendo como médiums, se comunicaban con sus antepasados, en espera de ser guiados en esta vida hacia la inmortal. Se dice que los «espíritus» de los ancestros llegaban en esa fecha a visitar sus antiguos hogares.

Y con esta festividad, comenzaba un nuevo año consagrando el trabajo del nuevo ciclo a los ancestros.

EL WEPET RENPET DEL ANTIGUO EGIPTO
 

La cultura del Antiguo Egipto estaba estrechamente ligada al río Nilo y, de hecho, su Año Nuevo se celebraba cuando tenía lugar la inundación anual. El Año Nuevo egipcio se predecía cuando Sirio – la estrella más brillante del cielo nocturno – se volvía a hacer visible (orto helíaco) después de 70 días de ausencia. Algo que ocurría a mediados del mes de julio, poco antes de la inundación del río Nilo, que aseguraba la fertilidad de los terrenos agrícolas durante otro año. 

Sirio refulgiendo fugazmente, antes del amanecer, precediendo la salida del Sol y el río desbordándose, devolviendo la vida a la tierra reseca, tenían que ser una manifestación de influencia divina, imposible de obviar en una civilización como la egipcia.

El orto helíaco de Sirio. Mediada la Primavera Sirio reaparecía centelleando poco antes del amanecer en dirección Este (izquierda). El Sol, bajo el horizonte, y la estrella, rasante. A medida que el Sol se eleva y se aproxima el amanecer su luz va extinguiendo la de Sirio, que rápidamente desaparece (derecha). Este fenómeno tuvo en el Antiguo Egipto una trascendencia religiosa y astronómica de primera magnitud, de la que aún hoy somos herederos.

El año egipcio fue dividido en las tres estaciones de carácter agrícola:

Inundación (finales del verano y otoño)

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Siembra (invierno y principio de la primavera)

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prt Peret,

Recolección (finales de la primavera y principio de verano)

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šmw Shemu.


Los egipcios celebraban este nuevo comienzo con el festival conocido como Wepet Renpet, que quiere decir “la inauguración del año.” El nuevo año se veía como un tiempo de renacimiento y rejuvenecimiento y se honraba con fiestas y ritos religiosos especiales. Los recientes descubrimientos que vieron la luz en el templo de Mut demostraron que, durante el reinado de Hatshepsut, el primer mes del año se celebraba “la fiesta de la embriaguez.” Esta fiesta masiva estaba vinculada con el mito de Sekhmet: diosa de guerra que había planeado matar a toda la humanidad hasta que Ra, el dios Sol, la engañó para que bebiera hasta caer inconsciente. Los antiguos egipcios celebraban dicha salvación de la humanidad con fiestas a base de música, sexo, bailes y mucha cerveza.


FUENTE – 

NOWRUZ Y EL AÑO NUEVO PERSA

El antiguo Año Nuevo persa recibía el nombre de Nowruz (Norus) y consistía en un festival primaveral de trece días cuyo origen se remontaba hasta la Antigüedad, aunque muchas de sus tradiciones se celebran aún hoy en Irán y otros países de Asia. El festival se celebra en torno al equinoccio de primavera -en marzo- y se cree que procede de la religión Zoroástrica. En los registros oficiales no aparece referencia alguna a esta festividad hasta el siglo II, pero los historiadores creen que su celebración se remonta por los menos al siglo VI a. C. A diferencia de otros festivales persas, Nowruz no pierde importancia  tras la conquista de Irán por parte de Alejando Magno en el año 333 a. C., ni tampoco a partir de la etapa de dominio islámico que se inicia en el siglo VII d. C.

El antiguo Nowruz giraba en torno al renacimiento que acompañaba al regreso de la primavera. Sus tradiciones incluían fiestas, intercambios de regalos con miembros de la familia y vecinos, encender hogueras, pintar huevos y rociar agua como símbolo de la creación. Nowruz ha evolucionado considerablemente con el paso del tiempo, pero la mayoría de sus tradiciones ancestrales -en particular las hogueras y los huevos pintados- han pasado a formar parte de un festival moderno al que se adhieren alrededor de 300 millones de personas cada año.

Bajorrelieve de Persépolis, símbolo del Nowruz zoroástrico: en el día del equinoccio de primavera el poder del toro (que simboliza la tierra) y el del león (el Sol) son iguales. (Wikimedia Commons)


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AÑO NUEVO EN LA ANTIGUA GRECIA
Su origen bizantino y su permanencia en el tiempo

Los griegos antiguos y los romanos, dos de las civilizaciones más importantes de la antigüedad no solían celebrar el primer día del año; no obstante, sí que celebraban el primer día de cada mes. Por otra parte, había discrepancia entre las ciudades griegas y los pueblos orientales sobre el primer día del año. El primer día de enero empezó a considerarse como el inicio del año en 48 a.C. en Roma, durante el gobierno de Julio César y bajo la influencia de la fiesta romana llamada Saturnalia, que se correspondía con la fiesta griega Kronia, dedicada al Dios Saturno y al Titán Cronos en cada caso. Más tarde, cuando en el Imperio Romano se impuso la Fe cristiana, la Iglesia Ortodoxa trató de prohibir, con poco éxito, la celebración romana de año nuevo para combatir el paganismo. Sin embargo, la fiesta persistió pese a la desaparición de todos los elementos que eran diametralmente opuestos a la ética cristiana. En consecuencia, la celebración se forjó por elementos paganos y cristianos y se vinculó con la festividad de San Basilio, que se celebra también el primero de enero.

En contraste con el concepto moderno de cómputo de tiempo y con el uso de un calendario anual de celebraciones, los antiguos griegos no utilizaron un sistema de medición panhelénico que regulara la vida religiosa y política cotidiana en su conjunto.

La estructura del tiempo anual en la antigua Grecia se caracterizaba por la aplicación de prácticas comunes entre las ciudades (el uso de un calendario solar/ lunar, la práctica de intercalar meses)  que garantizaban, según Platón, la regulación de un “orden” que tenía como objetivo principal la celebración de distintos actos religiosos en estaciones concretas del año.

 

SIMBOLISMO GRANADA


FUENTE –

 

AÑO NUEVO EN LA ANTIGUA ROMA

A diferencia de hoy y aunque parezca extraño, inicialmente y durante el período republicano, el ciclo solar, lo que hoy conocemos como año, era un asunto político, tal y como se heredó de los helenos, y éstos de los egipcios en su última etapa. El año romano se iniciaba el mes de marzo, concretamente el 21 de marzo. Ese era el día en que en Roma, el senado nombraba el cargo de cónsul (el cargo más importante de la República Romana), momento en que los cónsules entrantes iniciaban su tarea que duraba un año. Esta festividad seguro que hoy nos suena mucho. Sí, es el día del Padre, o Equinoccio de Primavera.

Hay que tener en cuenta que la palabra calendario viene de la palabra “kalendarium”, que era el libro de cuentas donde se anotaban los intereses mensuales de los préstamos. Estas deudas se pagaban el primer día de cada mes, es decir, en las calendas, como sigue ocurriendo hoy en día.

Sin embargo, existía otra festividad que se celebraba en Roma, tras las Saturnalias (leer este artículo sobre el solsticio de invierno), una festividad de más o menos 8 días que coincidía con el solsticio de invierno. Era la fiesta dedicada al Dios Jano, que da nombre a nuestro mes de Enero.

Janus

Ovidio

 

En su obra Los FastosOvidio caracteriza a Jano como aquel que él solo custodia el Universo. También lo llamaba el dios de todos los inicios. Ovidio da suma importancia al tiempo, tanto al recuerdo del pasado como al misterio que supone el futuro. Los romanos celebraban el nuevo año ofreciendo sacrificios a Jano con la esperanza de ganar buena fortuna para el Año Nuevo, decorando sus casas con ramas de laurel y asistiendo a fiestas estridentes. Se consideraba que este día preparaba el escenario para los próximos doce meses, y era costumbre invitar amigos y vecinos comenzando el año de manera positiva intercambiando buenos deseos y un vaso con miel, dátiles e higos. 

Se decían: “Que el sabor pueda pasar en las cosas; y el año, dulce como empezó pueda continuar”. Y todo el mundo desarrollaba un compendio de sus propios trabajos habituales, al igual que hacemos en la actualidad.

SINCRETISMO

Si nos paramos a pensar, cambiando el dios Jano por el Dios cristiano, y las ramas de laurel por las de abeto… lo que hacían los romanos no difieren mucho de lo que hoy en día tradicional y mayoritariamente celebramos. Con el ocaso del Imperio Romano y la ascensión del Cristianismo, la Iglesia no tardó en darle sentido religioso a la fiesta de entrada en el nuevo año y prohibió la celebración de carnavales y bacanales, a partir de entonces y para los siglos posteriores. Con la expansión de la cultura occidental, en el siglo XX, la celebración ha adquirido carácter de fiesta universal.

Papa Gregorio XIII

Paralelamente, los errores que seguía mostrando el calendario juliano se corrigieron con la implantación del calendario  gregoriano, en el siglo XVI (a manos del Papa Gregorio XIII). 

 


Fuente:
 
EL ENQUATASH DE ETIOPÍA

Etiopía conserva todavía el calendario Juliano según el cual el año consta de doce meses de treinta días y un mes de cinco o seis días si el año es bisiesto. Además, el calendario etíope lleva ocho años de retraso respecto al Gregoriano de enero a Septiembre y siete años entre septiembre y enero.

antorchasEl Año Nuevo en Etiopía es el once o el doce de septiembre según el año sea o no bisiesto, con el inicio del mes de Meskerem. Meskerem se considera un mes de transición del año viejo al nuevo, un tiempo para expresar las esperanzas y sueños para el futuro. El día de Año Nuevo (Addis Amet) es celebrado con los etíopes con cantos, bailes, intercambio de regalos, reparto de alimentos y comidas tradicionales y por supuesto con mucha alegría. Por otro lado, el nuevo año llega a Etiopía justo después de la temporada de lluvias cuando la belleza de la naturaleza puede admirarse en su mayor esplendor, las tierras altas se cubren de margaritas Meskal de intenso color amarillo y se inicia la época de cosechas, momento asociado siempre a fiestas y celebraciones. Tradicionalmente se cree que es la fecha que señala el fin del diluvio de Noe.

Etiopía dispone de su propio y antiguo calendario llamado Ge’ez. La cita del Enqutatash anuncia el final de tres meses de fuertes lluvias, cuando las margaritas florecen en las montañas y los campos se tornan de color amarillo brillante. Es el tiempo en el que los viejos bendicen a los jóvenes y estos esperan buenos augurios para el futuro. También se asocia tradicionalmente con el regreso de la reina de Saba a Etiopía, tras su visita al Rey Salomón en Jerusalén en torno al año 980 a. C. Enqutatash es una fiesta compartida entre personas de todas las religiones y casi todas las culturas del país. En ella tienen lugar grandes celebraciones que empiezan la víspera quemando un árbol navideño confeccionado a base de ramitas y colocado delante de sus casas. Sin embargo, el verdadero Año Nuevo comienza con la matanza de los animales y las bendiciones del pan y el Tella (una cerveza tradicional).

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FUENTE 

AÑO NUEVO JUDÍO - ROSH HASHANÁ

Rosh Hashaná es la festividad que celebra el año nuevo judío y comenzará con la primera estrella de la tarde de este miércoles 20 de septiembre hasta la tarde del viernes 22, cuando finalizará la celebración. En este tiempo, los judíos llevan a cabo un momento de meditación e introspección para poder autoexaminarse, hacer un balance de los actos y las acciones realizadas y rectificarse a partir de plegarias de arrepentimiento. El toque del Shofar es el momento más importante en esta festividad y simboliza el clamor del pueblo judío a Dios de reconocerlo como Creador y Rey Eterno.

Este año, la comunidad judía celebra el 5.778 de su calendario y lo hace como lo realiza tradicionalmente. Rosh Hashaná (que significa “Cabeza del Año”) es uno de los días más importantes en el calendario judío y comienza con el 1º de Tishrei. En él se  se hace un balance del año que pasó y se planean los actos para el año que vendrá.

Rosh Hashaná, también conocido como Iom Hadin (Día del Juicio), alude al momento en que fue creado el mundo y evoca la creación de Adán y Eva, primer hombre y primera mujer y, a partir de esto, se realizan plegarias por la felicidad del género humano y por la paz universal.

El 1º de Tishrei es el primer día de un nuevo año y marca el comienzo de un período de diez días (Aseret Iemei Teshuva). Se trata de un tiempo de autoexaminación y de contrición espiritual; un tiempo en el que Dios convoca a deshacerse de vicios, prejuicios, librarse de lo que no corresponde y de lo que entorpece el camino que lleva a Su persona para lograr rectificarse y vivir de acorde a Su ley. Este período culmina en Iom Kipur, el Día del Perdón.

 
 
FUENTE –
AÑO NUEVO EN EL ISLAM

Cristianos y musulmanes viven juntos en Europa, pero miden la historia y el tiempo de forma diferente. Cuando los primeros se coman las doce uvas a las 0.00 horas del próximo 31 de diciembre, los que profesan el Islam habrán comenzado el 1439. Esa diferencia se explica porque los mahometanos empiezan a contar desde la Héjira y porque, además, utilizan un calendario lunar con años de sólo 354 y 355 días. El Islam conmemora la huida de Mahoma a Medina desde La Meca, hecho que ocurrió en 622 y que se conoce como la Héjira. 

Los babilonios fueron los primeros que se fijaron en la Luna para medir el tiempo, y los meses judíos también arrancan en luna nueva, pero fue Mahoma quien decidió que la vida espiritual de sus seguidores se regiría estrictamente por los ciclos del satélite y no por el sol, una fórmula que había introducido César en Roma con el calendario juliano de 365 días y un cuarto.

Un año islámico consta de doce meses, pero de sólo 29 y 30 días. Ahora bien, para que esa división del tiempo se acomode a los ciclos lunares, el Islam introdujo una variable. Determinó un cuadrante de 30 años, en el que 19 tienen un mes final de 29 días y el resto, de 30.

KABA LA MECAComo el calendario islámico no coincide con los 365 días del ciclo solar, el Ramadán, el hachch y el Muharram se celebran siempre diez u once días antes que el año anterior, lo que explica que una misma fiesta islámica pueda celebrarse en verano o invierno. «Las desventajas cotidianas de este tipo de calendario no son más que un ejemplo de la “sumisión de los buenos musulmanes a la voluntad de Alá”, explica el historiador Daniel J. Boorstin en el libro Los Descubridores.


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Espero que hayas disfrutado de esta extensa entrada, y si sirve para que tomemos un poco de conciencia sobre el origen de nuestras costumbres, creo que nos ayudaría un poco más a entender nuestras propias raíces.

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