Hace un tiempo, en una mesa redonda a la que me invitaron a participar, me preguntaron ¿cómo te has conocido a ti mismo? Responder a esta pregunta podría ser harto complejo, o podría responderse a sí misma ¿quién dice que me conozco? Nosce te ipsum, como rezaba en el templo de Delfos, Conócete a ti mismo.

Es muy común, hoy día, escuchar esta frase acompañada casi siempre de I.K.Tainmi, por su conocido libro Renovación de Sí Mismo, o el título que adquirió tras su última edición, Conocimiento de Sí Mismo. En este libro trata sobre el conocimiento adquirido tras el despertar de la conciencia. Un conocimiento sin límites, que incluye todas las materias, todos los objetos, y todos los procesos de cualquier naturaleza, sea en el pasado, en el presente, o en el futuro, trascendiendo a todas las cosas del mundo conocido.

Pero este libro no trata de los procesos a nivel personal, sino a un nivel Universal, sin tener en cuenta que cada ser es único en su forma de gestionar esos procesos. Es interesante tener esta visión a la Luz del Ocultismo, que muestra lo que somos más allá del cuerpo físico. Este conocimiento, ciertamente, nos ayuda a profundizar un poco más en nuestra naturaleza. Pero sobre este libro hablaré más adelante, ahora me gustaría centrarme en el proceso en sí conócete a ti mismo.

NOSCE TE IPSUM – CONÓCETE A TI MISMO

El concepto Conócete a ti mismo (en griego: “Gnothi seauton” ; en latín: “Nosce te ipsum“), como rezaba en el pronaos del templo de Apolo en Delfos, fue muy utilizado por Sócrates en las enseñanzas a sus discípulos. Se inició así una tradición filosófica milenaria que solamente fue seriamente contestada 2500 años más tarde por Friedrich Nietzsche, que modificó la fórmula inicial : « Cada cual es quien mejor puede conocerse a sí mismo » en « nosotros mismos somos desconocidos para nosotros mismos ».

De una forma o de otra, casi todos los filósofos occidentales siguieron esta línea socrática de pensamiento.

Los filósofos socráticos fueron los primeros pensadores que rompieron con las formas de pensamiento para empezar a edificar una reflexión racional. Es decir, fueron los primeros que iniciaron el llamado «paso del mito al logos », proceso propiciado por las especiales características de espíritu crítico y condiciones sociales que permitieron una especulación libre de ataduras a dogmas y textos sagrados. En este sentido, estos filósofos fueron tanto pensadores como cosmólogos y físicos y, más en general, «sabios».

René Descartes por ejemplo, partió de esta idea en su análisis matafísico, con su famosa frase Cogito ergo sum, o sea “Pienso, y por tanto sé que pienso, y por tanto tengo certeza de que pienso”

Fuente – Wikipedia


 

Hoy no soy la persona que fui cinco años atrás. y aquél está muy lejos de parecerse a quien se mostraba hacía diez. Y seguro que, la personalidad que se muestra hoy día es distinta a la que se mostrará el día de mañana. Cada día un nuevo paso, un nuevo pensamiento, un cambio, una elección, una decisión, una nueva posibilidad. Un fluir infinito, bordeando obstáculos, pensamientos, emociones, sentimientos… ¿quién puede decir que se conoce a sí mismo?

Somos la suma de todo aquello que comemos, vemos, sentimos y pensamos, y todo esto está sometido a continuos cambios. Cambios que nacen de nosotros mismos, de nuestro estado físico, anímico emocional, o mental. Cada día cambiamos nuestro menú, sentimos de forma diferente en cada emoción que nos brota movido por situaciones diversas; y nuestros pensamientos se muestran volátiles a cada instante. ¿Quién es capaz de sostener un único pensamiento, en coherencia desde que se inicia hasta el final por al menos 1 sólo minuto? Sostener un pensamiento o una emoción implicaría darle al pause a estos dos grandes motores, a estos cuerpos. Este es el objetivo de la meditación, del mindfullnes, del no hacer, del estar presente… No consiste en dejar la mente en blanco, ya que el pensamiento mismo de poner la mente en blanco implica tener ocupada la mente en esa ejecución.

 

¿Quién fui un tiempo atrás?

Aquello que fui, aquellas emociones que me movieron en un pasado, aquellos sentimientos que enaltecí en mi entrañable juventud, aquellos pensamientos que conquistaban mi mente, aquellos actos por los se me conoció, sin duda han sido necesarios para ser quien soy hoy. De algún modo han sido algunas de las causas de mi momento presente, del YO de hoy, independientemente de lo beneficioso o perjudicial que mi mente haya podido interpretar, ha sido en beneficio de mi propia evolución. En el ahora, ya no tiene importancia, quedó en el pasado, en un espacio temporal no accesible desde este estado de consciencia.

¿En qué exactamente, movieron mi consciencia al punto en el que me encuentro hoy? Si en ese espacio que llamamos pasado no supe poner atención a todas las causas que se sumaron, ¿importa ahora? Es posible que sí importe, siempre que sepamos cómo usar esa información, como ayuda a continuar siendo la mejor versión de uno mismo, me guste o no ese YO anterior al momento presente. Aceptando todas mis experiencias pasadas, con errores y éxitos pero siempre enfocados a la mejora continua, a la excelencia personal.

Pondré el ejemplo de cualquier app informática ya sea de android, iphone o pc. Detrás de cada app hay un programador o grupo de programadores que están continuamente mejorando el producto para que éste llegue a la mayor cantidad de usuarios posibles, y que su experiencia sea cada vez más satisfactoria. Para eso, dentro del universo de los usuarios existen millones de ellos con casuísticas muy diversas capaces de detectar fallos, mientras que las experiencias de unos pocos son las adecuadas. Los desarrolladores se encuentran bajo el dilema de mejorar para alcanzar un público cada vez mayor, o simplemente decir que las condiciones de ciertos usuarios (marca de teléfono, sistema operativo y versión, extensiones instaladas, políticas de privacidad, etc.) no son las adecuadas. Cualquiera de las opciones por las que el programador apueste es siempre la adecuada. Si atiende las necesidades de los usuarios, hará porque su app alcance un mayor público. Si decide que su app sólo ha de funcionar bajo ciertas condiciones de usuario para evitar fallos inesperados, muchos usuarios no podrán interactuar con su app. 

Nosotros somos como una app, siendo nuestros propios programadores, y nuestro entorno es el que tiene la experiencia de usuario. Si no escuchamos a nuestro entorno, estamos decidiendo ser de una forma particular, determinando la manera exacta en la que deseamos mostrarnos de aquí en adelante. Cuanto menos usuarios interactúen con nosotros, menos necesidad tendremos de actualizarnos. Si decidimos abrirnos a la posibilidad de interactuar con más personas, hemos de aceptar esas actualizaciones continuas.

De modo que nuestro entorno aumenta de forma exponencial, los usuarios nos reclaman cada vez más, y nuestras experiencias se enriquecen a la vez que ayudamos a los demás a crecer en su propio camino. 

Así fuimos creados, con la previsión de una inteligencia artificial (IA) que gestiona las emociones, los pensamientos, los sentimientos a modo de algoritmos que se analizan en base al modo en que interactuamos con el entorno, y que el entorno interactúa con nosotros. El pasado queda en el recuerdo, en un hito del desarrollo de nuestra programación, tratando de alcanzar nuestro propio estado de excelencia.

El pasado no existe para sumirnos en la pena, en la agonía, o revivir alegrías que de otra forma no podríamos vivir. El pasado debe mantenerse como un archivo donde consultar aquello que nos ayude a mejorar el ahora.

¿Quién fui? Quien fui en el pasado no tiene importancia, en ningún modo define quién soy hoy.

¿Quién soy?

Podría tratar de definir quién soy en el instante presente, pero no en un período temporal. El tiempo, si bien no existe tal y como lo conocemos hoy, es aquello que nos pone la atención sobre la mutabilidad constante en cada proceso, ya sea interno o externo. Podría definir la persona con la que me identifiqué ayer, pero hoy no soy más que un fractal proyectado en una dirección. Podría tratar de definir con qué ego me puedo identificar mañana, pero no sería más que el reflejo de la máscara que he elegido usar hoy. ¿Quién soy entonces?

Como decía antes, somos la suma de la remanencia de aquellos cambios o movimientos ejecutados hasta un instante anterior. Somos la coherencia con el YO de ahora, aunque para ello debamos observar y reconocer nuestra incoherencia con el YO anterior. Definirnos en el ahora no implica que durante todos los procesos de nuestra vida hayamos mantenido esa coherencia, esa vitalidad, esa emocionalidad, ese (des)equilibrio, ese saber estar. Definirnos en el ahora es simplemente alimentar nuestra parte egoica que pretende que quien escucha le ayude a crear la realidad del quién soy. Definirnos de manera impecable, alejando nuestro ego de nuestras pretensiones, es una de las más complejas tareas a sublimar. Al final, es algo tan sencillo como permitir que sean los demás quienes nos definan.

Para mis hijos soy padre, para mis padres soy hijo. Mis hermanos me ven como su igual, un hermano, pero para sus hijos soy su tío. Mis tíos me abrazan como a su sobrino, y sus hijos lo hacen como primos. Y sin embargo, a pesar que cada miembro del entorno familiar está programado para vernos de una forma distinta, somos el mismo YO del presente. Pero también estamos programados para mostrarnos distintos según quién tenemos delante. Nuestro comportamiento es distinto con nuestro padre que con nuestra madre, a pesar de que para ambos somos hijo. Usamos distintas etiquetas para diferenciarlos, diferenciando así nuestro programa de conducta. Pero ellos en su YO, siguen siendo ellos mismos, su YO individual.

¿Quién SOY? Soy la suma de experiencias que cada observador tiene a mi lado. No soy quien soy por decir que lo soy, soy quien soy por aquello por lo que se me reconoce.

¿Quién seré mañana?

Antes de pre-ocuparme en mi YO de mañana, he de prestar mucha atención en el YO de hoy, en este instante presente, en tomar consciencia de mis actos. No es bastante con saberlo. Saber, ya sabemos muchas cosas, pero ¿cuántas somos capaces de poner en práctica en el día a día? Sabemos sumar y restar con bastante fluidez, pero ¿cuántas veces al día lo ponemos en práctica?

NO SOMOS MÁS QUE EL ECO DE CADA INSTANTE ANTERIOR AL MOMENTO PRESENTE, Y UN REFLEJO DEL INSTANTE SIGUIENTE.Xavi Madrid

En esto consiste este juego de la vida, seguir las reglas del cambio continuo, de la impermanencia universal. Nada permanece en el continuo, incluso lo eterno está sujeto a ciertas leyes universales. Lo eterno no implica inmutabilidad. Lo eterno implica una existencia imperecedera, continua y mutable en eso que aquí definimos como tiempo, y que tanto limita nuestra percepción mental.

¿Quién seré? Seré aquello que en el AHORA sea capaz de proyectar para mi mayor bienestar, y el de todos los seres implicados en el proceso.

Te propongo algo. Haz una pequeña parada, aquieta tu mente, y contempla esta opción: En mis relaciones sociales,

  • ¿cuáles de ellas me suman y cuáles me restan?
  • ¿Qué me aporta las relaciones que me suman y qué aportan las que me restan?
  • Por definición aritmética de estas operaciones, la suma aporta un beneficio, la resta no sólo no aporta nada, sino que quita el beneficio, es decir, produce un déficit. Entonces, ¿Cuál es mi comportamiento ante las relaciones que me suman, y ante las que me restan?
  • Pero hay más… ¿has pensado en tu relación contigo mismo? ¿Te sumas o te restas?

Gracias por haber llegado hasta aquí. El siguiente vídeo se corresponde a la mesa redonda de la que hablaba al principio del artículo. Como siempre, los nervios, ese gran maestro al que debo atender ante las cámaras.

Gracias a Rafael Bascón por la oportunidad de participar en su programa, Las Cuatro Estaciones.


DIÁLOGOS 7 – CONOCIÉNDONOS A NOSOTROS MISMOS CON RAFAEL BASCÓN

Share This