Pandora, el mito griego acerca de la primera mujer mortal sobre la tierra, modelada en arcilla por Hefestos por mandato de Zeus.


Un mito que nos acerca a otro sobre la primera mujer mortal, según nuestra tradición cristiana. Aunque podéis ver algunas diferencias, existe un eslabón que puede darnos la clave para entender que es el mismo mito, aceptado y adaptado por diversas culturas.

Sin embargo, no es posible hablar de Pandora sin conocer la historia de Prometeo, el Titán benefactor de la humanidad. Los Titanes, en número de 12, fueron los predecesores de los que conocemos como Dioses Olímpicos, también en número de 12 en la primera generación, como lo son los 12 signos del zodíaco, o fueron los 12 apóstoles. Prometeo, titán de la segunda generación, fue hijo del titán Jápeto (hijo de Urano y Gea) y de la oceánide Asia (hija de Océano y Tetis). Era hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio; aunque Prometeo siempre destacó sobre sus hermanos gracias a su astucia.

La genealogía de Prometeo, antes de conocerla, es más importante saber que fue un Titán y, que tras la guerra, como el resto de los Titanes, estaban al servicio de los Dioses del Olimpo.

Prometeo modelando al hombre

Se dice que Zeus, una vez reinó sobre los Titanes, encomendó a esta segunda generación, la tarea de crear a la humanidad y de proveer a los seres humanos y a los animales todo lo necesario para sobrevivir. Prometeo creó así a los hombres y, para que fueran superiores a los animales, decidió darles una forma más noble y permitirles caminar erguidos. Moldeó un hombre semejante en aspecto a los dioses, pero de mucho menor tamaño. Así fue cómo creó a la humanidad y comenzó a enseñarles todo lo preciso para sobrevivir.

Los hombres lo veneraban y Zeus comenzó a sentir envidia de Prometeo. A su vez, Prometeo amaba mucho a su creación y urdió engaños para que los hombres pudieran disfrutar de los sacrificios que ofrecían a Zeus.

En su primer engaño, Prometeo realizó el sacrificio de un gran buey que dividió en dos partes: en una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre del buey y en la otra puso los huesos pero los cubrió de apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses. Zeus eligió la capa de grasa y se llenó de cólera cuando vio que en realidad había escogido los huesos.
Indignado por este engaño, Zeus arrebató el fuego a los hombres. Prometeo vio cómo sus creaciones sufrían a causa de la oscuridad y el frío y tomó la decisión de robar el fuego a los dioses.
Así fue cómo subió al monte Olimpo y lo cogió del carro de Helios (o de la forja de Hefesto, según la versión), y lo devolvió a los hombres, avisándoles de que fueran cautelosos y jamás aceptaran un regalo de los dioses, pues estos de seguro buscarían venganza.

Encolerizado por esta segunda ofensa, Zeus planeó su venganza por medio de una trampa. Ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla a la que puso el nombre de Pandora. Pandora nació con una enorme belleza y todos los dioses quedaron prendados de su hermosura y la colmaron de dones.
Zeus, por su parte, le dio a Pandora una hermosa ánfora, que se suponía contenía inmensos bienes, y le ordenó que no la abriera bajo ningún concepto.

Irritado con el hombre porque Prometeo había robado el fuego olímpico, Zeus ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla a la que puso el nombre de Pandora. Pandora fue creada como instrumento de venganza: un ser maligno a quien todos los hombres habrían de desear. El propio nombre de Pandora significa “portadora de todos los dones”. Atenea le otorgó su conocimiento de las artes, mientras que Afrodita la hizo hermosa. Armada con la astucia y las zalamerías de Hermes, y elegantemente adornada por las Gracias, era en verdad Irresistible.

Fue así que Epimeteo (hermano de Prometeo) quedó perdidamente enamorado de ella y la acogió con adoración en el mundo de los mortales. Pandora traía consigo una caja acerca de la cual Zeus le había prevenido que no la abriese nunca jamás y no espiara dentro ni por un instante. Pero al fin, la curiosidad fue más fuerte que ella: y alzó la tapa de la caja, sólo para echar un vistazo a los secretos que contenía. En ese momento de descuido escaparon volando todas las miserias del hombre. Pulularon por el mundo la Codicia, la Vanidad, la Calumnia, la Envidia, y todos los restantes vicios mortales. Horrorizada, volvió a cerrar la caja’ de un golpe. Al hacerlo, retuvo para el hombre lo que quedaba en la caja, la virtud más radical: la Esperanza.

Si las miserias no hubiesen sido desatadas, con seguridad la Esperanza habría quedado atrapada debajo de ellas. Aun cuando los males habían sido desconocidos para la humanidad antes de que la curiosidad de Pandora los dejara libres, también lo había sido la empeñosa voluntad del hombre de vivir con sus imperfecciones. Sufrir no nos hace ni buenos ni malos. Sólo es preciso que en nuestro deseo de evitar el dolor y el mal no nos apartemos de la creciente inquietud hacia la que nos lleva la curiosidad.

PANDORA 2

REFLEXIONES


  • ¿Cómo debemos entender este torbellino de saber primitivo?
  • Cómo es posible que la sabiduría de todos los tiempos nos llegue bajo la forma de visiones nocturnas aparentemente sin sentido y el sempiterno entretenimiento de los cuentos populares transmitidos por tradición oral?
  • ¿Cómo puede ser que la captación intuitiva de aquellas experiencias que son más humanas ocurra en la soledad de sueños que con tanta frecuencia parecen irracionales, y en los fragmentos de leyendas y dramas primitivos que bien quisiera el hombre civilizado haber producido él mismo?

El concepto junguiano de los arquetipos ofrece un puente entre los temas recurrentes de la literatura mundial y la mitología por un lado, y los de los sueños y fantasías del hombre contemporáneo por el otro. Sin embargo, existen factores distorsionantes que oscurecen los significados eternos y universales de los temas arquetípicos. Su poder primordial se ve circunscripto por el contexto cultural en el que aparecen, limitado por las convenciones históricas de la época, y sujeto por lazos con retos a las experiencias vitales de un individuo particular.

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