¿Recuerdas la historia de Sodoma y Gomorra? Esa historia del Génesis cuenta que Dios destruyó ambas ciudades debido a la naturaleza y gravedad de sus pecados.


Dios reveló a Abraham que destruiría Sodoma por medio de fuego y azufre, porque su pecado era muy grave e irreversible, y sólo Lot y su familia podrían ser salvados. Abraham intercedió por los justos de la ciudad, y Dios le repuso que no la destruiría si, al menos, encontraba cincuenta justos en la ciudad. Dios, sin embargo, permitió a Abraham interceder hasta que se convenciera de que en Sodoma no había ni diez justos.

Génesis 18


¿Recuerdas la historia bíblica de Sodoma y Gomorra? El Génesis narra la historia de dos ciudades hundidas en una oscuridad tal, que aún no hemos visto en nuestro propio tiempo.  Estas dos ciudades fueron destruidas con fuego y azufre. Lo interesante es que Avraham (sí, con ‘v’), el Patriarca judeocristiano, una de las almas más grandiosas de la humanidad, (algunos lo relacionan con Hermes Trismegisto), vivía en un pueblo vecino. Según el relato, vivía, literalmente, a sólo un día de viaje de Sodoma y Gomorra.

¿Cómo es que tanta oscuridad podía existir tan cerca de tanta Luz, a tan sólo un día de viaje?

SIN CITY – Ciudad del pecado

Los ciudadanos de Sodoma y Gomorra conocían el camino hacia la transformación, hacia la Luz. Simplemente cayeron en la oscuridad porque arraigaron sus emociones al plano físico, a asuntos que conciernen únicamente a lo material, separándose así del del plano espiritual. Esta es la base de la disociación de la Unidad en lo material y lo espiritual, cuando debería ser un binomio indisoluble.

Trabajar los asuntos del plano físico implica la desconexión parcial con nuestra individualidad divina, corriendo el riesgo de apegarnos a los asuntos del hombre, estableciendo lazos emocionales cada vez más fuertes.

Realizar un trabajo personal significa tomar consciencia de nuestros defectos y virtudes, de forma que podamos solventar los errores que sabemos que hemos cometido, o acciones que nos restan, evitar reiterar ciertos patrones no deseados, así como mejorar nuestras acciones que nos suman o positivas. ¿Cuáles son esas acciones y quién decide si suman o restan? Es posible que nuestra conciencia tenga un juicio personal al respecto, pero aquí venimos todos a cumplir un papel, y en relación a cómo hemos interpretado, será cómo los señores del karma valorarán nuestros actos.

Además, la oscuridad que hemos creado en vidas pasadas, o el dolor causado de manera inconsciente, provoca en nosotros una ralentización en nuestro estado vibracional. Es lo que comúnmente llamamos un estado denso vibracional. Mientras, todos los actos que suman o positivos, generan en nosotros un estado de vibración más elevada, que permite la disolución de aquello que nos arraiga en la 3D.

A menudo, estas correcciones en planos superiores se realizan de manera sistémica, por la ley de correspondencia “lo que es arriba es abajo, y lo que es abajo es arriba”, siempre que seamos capaces de hacer la integración de todo el proceso.

En el proceso de llevar a cabo un trabajo personal, podemos encontrarnos en la situación de llegar a un estado de punto muerto, en el que nada parece estar cambiando. Es posible que estemos haciendo demasiado esfuerzo (y por tanto, demasiada energía) en el plano físico o, sencillamente, estemos errando en la dirección en la que dirigir estos esfuerzos y energía. Es una señal de que necesitamos cambiar algo en nuestro trabajo, ya sea en el nivel, o el lugar donde situamos nuestra conciencia de trabajo.

SIN CITY – Ciudad del Pecado

Si pretendemos cambiar algo en nuestra vida, debemos ser el motor que active el cambio.

Venimos a este mundo con nuestras imperfecciones, con el propósito de convertirnos en una versión mejorada de nosotros mismos. Desde el inicio, nuestro trabajo en esta dimensión es transformar esas imperfecciones en nuestro interior, de manera que puedan brillar y reflejar esa Luz fuera de nosotros mismos.

Puede no parecer lógico, pero tampoco lo parece vivir una vida completamente satisfactoria y alegre en nuestro tiempo y edad. Y cuando vemos cambios dentro de nosotros mismos, también empezamos a ver más cambios en el mundo a nuestro alrededor.

Los habitantes de Sodoma y Gomorra cayeron en una vorágine de pecados,
envidia, gula, lujuria, ira, pereza, soberbia, avaricia… las personas se vendían ante el brillo de las monedas, se rendían su condición humana para satisfacer su pulsión sexual, comían sin respetar la vigilia… habían perdido toda conciencia de los planos superiores.

Depende de nosotros encontrar la oportunidad de comenzar de cero, rompiendo con todo lo conocido para abrazar lo nuevo que está ahí a la espera de nuestra visión.

Si quieres recuperar tu salud, debes estar dispuesto a abandonar las creencias y pensamientos de todo aquello que te enfermó.


Artículo escrito el 4 de Mayo de 2010.

Reeditado bajo el mismo título el 10 de Enero de 2019.

 

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